Nuestro tratamiento para el bruxismo está diseñado para reducir la tensión en la mandíbula, aliviar el dolor muscular y proteger el desgaste dental, todo ello sin alterar tu expresión natural. Aplicamos toxina botulínica en puntos estratégicos del músculo masetero para conseguir una relajación controlada y efectiva.
El procedimiento es rápido, seguro y prácticamente indoloro. Está especialmente indicado para pacientes que sufren de rechinar de dientes nocturno, tensión mandibular, dolores de cabeza frecuentes o dolor en la articulación temporomandibular (ATM).
Este tratamiento no solo mejora el bienestar diario, sino que también puede afinar suavemente el contorno facial en personas con hipertrofia masetérica. Los efectos comienzan a notarse en pocos días y el resultado óptimo se alcanza en aproximadamente dos semanas.
Una solución eficaz, natural y sin cirugía para quienes buscan mejorar su calidad de vida y recuperar la armonía facial.
Reduce la tensión en la mandíbula
Al relajar el músculo masetero, disminuye la presión ejercida al apretar o rechinar los dientes.
Alivio del dolor mandibular y facial
Mejora notable de molestias asociadas al bruxismo, como dolor muscular o rigidez al despertar.
Disminuye los dolores de cabeza
Al reducir la tensión crónica en la zona, también disminuyen las cefaleas tensionales.
Protege el desgaste dental
Ayuda a prevenir el daño progresivo en el esmalte y las piezas dentales.
Mejora la calidad del sueño
Al reducir el movimiento involuntario durante la noche, favorece un descanso más reparador.
El procedimiento es rápido, prácticamente indoloro y no requiere reposo. Tras la sesión puedes notar una ligera sensación de cansancio en la zona, que desaparece en poco tiempo. Los efectos comienzan a notarse en pocos días, mejorando el dolor, la tensión mandibular y la calidad del descanso de forma progresiva y natural.
Los primeros efectos del tratamiento con toxina botulínica en el bruxismo comienzan a percibirse entre los 3 y 7 días posteriores a la aplicación. Durante este tiempo, el músculo masetero empieza a relajarse de forma progresiva, reduciendo la tensión involuntaria que genera el rechinar de dientes.
El resultado óptimo suele alcanzarse alrededor de los 15 días, momento en el que se aprecia una clara disminución de la presión mandibular, mejora del dolor facial o cervical y, en muchos casos, una mayor calidad del sueño. Esta mejoría no afecta a la capacidad para masticar ni altera la expresión facial, ya que el tratamiento actúa únicamente sobre la hiperactividad del músculo.
Evita masajear o frotar la zona tratada durante las primeras 24 horas.
No te tumbes ni te recuestes durante las 4 horas posteriores al tratamiento.
Evita la exposición directa al sol, calor intenso o frío extremo durante 48 horas.
No realices ejercicio físico intenso en las siguientes 24–48 horas.
Evita tratamientos faciales, saunas o baños de vapor durante los primeros 2 días.
No consumas alcohol ni antiinflamatorios el mismo día del tratamiento.
No mastiques chicle ni realices esfuerzo excesivo con la mandíbula en las primeras horas.
Sí, la toxina botulínica es un tratamiento altamente eficaz para el bruxismo, especialmente en casos donde existe una tensión excesiva en los músculos maseteros y los tratamientos convencionales (como férulas nocturnas) no son suficientes o no han dado resultados.
La toxina actúa relajando de forma controlada el músculo responsable de apretar o rechinar los dientes, lo que permite reducir la presión mandibular sin afectar la capacidad para masticar, hablar o gesticular. Gracias a esta relajación muscular, disminuyen los dolores faciales, cervicales, de cabeza y se previene el desgaste dental.
Además, es un tratamiento mínimamente invasivo, rápido, seguro y con resultados naturales, por lo que se ha convertido en una opción muy valorada por médicos estéticos y especialistas en salud dental. Aunque sus efectos son temporales (suelen durar entre 4 y 6 meses), en muchos pacientes la mejora en la calidad de vida es notable desde la primera sesión.
Para tratar el bruxismo, se inyecta toxina botulínica tipo A, comúnmente conocida por marcas como Botox®, Azzalure®, Vistabel®, entre otras. Esta sustancia actúa relajando el músculo masetero, que es el principal responsable del apretamiento involuntario de la mandíbula, tanto durante el día como mientras dormimos.
A diferencia de su uso estético —donde se busca eliminar arrugas—, en el tratamiento del bruxismo la toxina se aplica en dosis más controladas y localizadas para reducir la fuerza muscular sin eliminar por completo su función. Esto permite disminuir el dolor, evitar el desgaste dental y mejorar la calidad del sueño, sin afectar la masticación ni la expresión facial.
La aplicación es rápida, prácticamente indolora y no requiere anestesia. Los efectos comienzan a notarse a los pocos días, con una duración aproximada de 4 a 6 meses, tras los cuales puede repetirse si el paciente lo necesita.
La duración del tratamiento con toxina botulínica (Botox) para el bruxismo suele ser de 4 a 6 meses, aunque esto puede variar ligeramente según cada paciente. Factores como el metabolismo individual, el grado de tensión muscular, la cantidad de producto infiltrado y la actividad del músculo masetero influyen directamente en la duración del efecto.
En pacientes con bruxismo muy activo o músculos muy potentes, es posible que la primera aplicación dure algo menos, mientras que con sesiones repetidas, los efectos pueden prolongarse en el tiempo, ya que el músculo se va debilitando ligeramente y se reduce la hiperactividad involuntaria.
Tras este periodo, el músculo recupera progresivamente su actividad, por lo que se recomienda repetir el tratamiento entre 2 y 3 veces al año para mantener los resultados, prevenir la tensión mandibular y proteger la salud dental.
El tratamiento con toxina botulínica para el bruxismo es seguro y eficaz cuando lo realiza un profesional cualificado, aunque pueden aparecer algunos efectos secundarios leves y temporales. Entre los más comunes se encuentran la molestia o inflamación en el punto de inyección, una ligera sensación de debilidad en la mandíbula o dolor de cabeza en las primeras 24–48 horas. En ocasiones puntuales, puede producirse una ligera asimetría facial o sensación de incomodidad al masticar alimentos muy duros, especialmente en pacientes con músculos muy desarrollados.
También es posible que aparezcan pequeños hematomas o una sensación extraña en la zona tratada mientras el músculo se adapta al efecto relajante de la toxina. Estos síntomas suelen desaparecer por sí solos en pocos días. Para minimizar riesgos y asegurar un resultado natural, es fundamental que el tratamiento sea aplicado por un profesional médico con experiencia en bruxismo, que ajuste la dosis de forma personalizada según las necesidades de cada paciente.
La toxina botulínica es una sustancia natural producida por la bacteria Clostridium botulinum. En condiciones no controladas, esta toxina puede ser peligrosa, pero en medicina se utiliza en dosis muy pequeñas y purificadas para relajar temporalmente los músculos, aprovechando su capacidad para bloquear la señal entre los nervios y el músculo.
Cuando se inyecta de forma local, inhibe la liberación de acetilcolina, que es el neurotransmisor responsable de que el músculo se contraiga. Al interrumpir esta señal, el músculo se relaja parcialmente, lo que resulta útil tanto en aplicaciones estéticas (para suavizar arrugas) como médicas (como en el tratamiento del bruxismo, la hiperhidrosis, el estrabismo o las migrañas crónicas). Es un procedimiento seguro, aprobado por organismos como la Agencia Europea del Medicamento (EMA) y la FDA, siempre que sea aplicado por profesionales sanitarios cualificados.
Cada tratamiento empieza con una decisión: priorizar tu bienestar. Si has llegado hasta aquí, es porque estás lista para dar un paso hacia una versión más segura, más tú.
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